Alergia al queso

Queso… amado por muchos y odiado por unos pocos, pero por muy buenas razones. Resulta que el queso es uno de los derivados lácteos que más alergias causa a nivel global. Descubre a continuación las causas, los síntomas y las posibles soluciones de la alergia al queso.

De dónde viene esta alergia:

A diferencia del yogurt, el suero, la ricota, la nata y otros productos lácteos, las alergias a los quesos pueden tener un origen más complejo y diverso. Puede deberse evidentemente a las proteínas de la leche vacuna o caprina (caseínas y suero). Pero también la alergia puede tener otros orígenes.

Más allá de la lactosa, existen muchas personas que desarrollan alergias al moho. En ese sentido, los quesos añejos disparan las alarmas en el sistema inmune. Por otro lado está la tiramina, un químico y aminoácido muy presente en los alimentos fermentados, que estimula la histamina en personas con sensibilidades alérgicas químicas.

Y lamentamos informar que la tiramina se encuentra presente en todo tipo de quesos procesados, añejos, parmensanos, de soja, romanos, asiago, amarillos, roquefort, goudas, provolones, etc.

Síntomas de la alergia al queso

A diferencia de la intolerancia a la lactosa, que sólo presenta síntomas de malestar estomacal e intestinal, las alergias al queso son mucho más severas. Incluso puede llevar al individuo a incidir en anafilaxia, una reacción alérgica grave que puede ocasionar asfixia, bajones súbitos en la tensión arterial y resultados fatales.

Estos son algunos de los síntomas más comunes que padecen las personas alérgicas al queso:

  • Urticaria (común en los alérgicos al queso de cabra).
  • Cólicos estomacales.
  • Vomitadera y diarrea.
  • Inflamación en la zona de la boca y la lengua.
  • Dificultad para respirar.
  • Shock anafiláctico (peligro mortal si no se suministra a la brevedad una inyección de adrenalina o epinefrina).

Síntomas de una alergia al queso

Quesos con menor cantidad de lactosa

Si la alergia es causada por alguna proteína de la leche, entonces tal vez la solución sea probar de a poco aquellos quesos con menor cantidad de lactosa, a ver si alguno es bien recibido por el sistema inmune. Entre los candidatos tenemos:

  • Queso cheddar.
  • Queso suizo.
  • Quesos curados.
  • Queso parmesano.
  • Queso manchego.

Es decir, los quesos más duros.

Vivir una vida sin queso

Antes de que una persona se despida definitivamente de este alimento, primero debe tener un diagnóstico claro: ¿a qué es alérgica? A la lactosa, al moho o a la tiramina.

Porque si es alérgico a la lactosa puede probar aquellos quesos más bajos en lactosa. Si es alérgico al moho, solo debe alejarse de quesos añejos. Y si es alérgico a la tiramina entonces puede probar quesos bajos en este aminoácido como el americano, el parmesano, el granjero, el havarti o el brie.

Pero si ninguna de estas limitaciones funciona y la alergia persiste, entonces la persona debe vivir una vida sin quesos. Es un sacrificio necesario si se trata de la salud y los nutrientes del queso pueden ser reemplazados por otros alimentos igualmente deliciosos.

Así que, primero la salud y después el queso.

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